Por Ana Bea A. Ramos, Tanatóloga y comunicadora de la Iberoamericana, amante de las mascotas y activista social.

En la Infancia es normal vivir traumas o situaciones que están fuera de nuestro alcance, no todo es inocencia, juego o amor en familia, otra situación común en la infancia de la cual no siempre nos gusta mencionar es el tema de una pérdida.

Para los niñ@s la pérdida de una mascota, abuelos, hermanos, padres en general puede significar un trauma que a la larga repercute en su desarrollo, un duelo sano es cuando nuestra familia nos da el apoyo correcto en ese momento difícil. 

Muchas familias quieren proteger a los pequeños ocultando la verdad sin embargo aunque no es fácil de entender para ellos, el mentir afecta no sólo a los adultos sino también a los niñ@s, las mentiras dejan inconcluso ese proceso de duelo generando heridas que pueden ser difíciles de sanar. 

Creemos firmemente que  el lenguaje que podemos transmitir a nuestros hijos debe ser sencillo pero sobretodo con mucho amor y respeto a su dolor. Si en el proceso podemos  despedirnos de nuestro ser querido también  otorgarle ese momento  a nuestros pequeños es fundamental sin embargo es normal querer protegerlos ya que pensamos que puede ser una escena fuerte para el familiarizarse con una despedida pero el mirar la naturalidad del ciclo de la vida puede ayudarnos a futuras pérdidas y a madurar en muchos sentidos. 

Todos tenemos derecho a saber que todo inicio tendrá un final, desde que nacemos la naturaleza nos invita a vivir en duelo. 

Un ejemplo es al nacer cuando perdemos la comodidad del vientre materno y somos arrojados a la vida por lo tanto siempre  extrañaremos la seguridad y calidez que nos otorgaba ese lugar donde habitamos nueve meses, pero es parte de nuestra naturaleza perder, es por ello que seguir encaminándonos en el ciclo de la vida de forma consciente, despertar a la realidad desde la infancia nos hará valorar nuestro duelo y el acompañamiento en familia.